domingo, 19 de mayo de 2024

Unpopular Opinion sobre LOS DÍAS AFUERA (de Lola Arias) o El fetiche de la cárcel

 Los días afuera, de Lola Arias. Dirigida por Lola Arias. Con Yoseli Arias, Paulita Asturayme, Carla Canteros, Estefanía Hardcastle, Noelia Pérez e Ignacio Rodríguez. Música en escena: Inés Copertino. En el teatro Presidente Alvear (CTBA). Av. Corrientes 1659. Funciones: miércoles a domingo 20 hs https://complejoteatral.gob.ar/ver/los_dias_afuera

 

“El sueño del preso se respeta” afirma desde la escena Ignacio “Nacho” Rodriguez mientras cuenta cómo eran sus noches durante el encierro, cuando la banda sonora de música y gritos lo ensordecía. El sueño del preso se respeta, explica Nacho, porque quizás uno esté soñando con estar afuera y eso -sugiere- es sagrado. Alrededor de este binomio reclusión/libertad se construye Los días afuera, la más reciente producción de la dramaturga y directora argentina Lola Arias, estrenada en tándem junto con la película Reas, ambas protagonizadas por mujeres cis y personas trans que tras haber atravesado una experiencia carcelaria recuperaron su libertad. La obra se inscribe dentro del género de teatro documental o biodrama que supone el relato en primera persona de una biografía propia. Se trata de una forma del “teatro de lo real” y tiene en su centro un trabajo muy arduo de investigación. Por eso recurre muchas veces a material de archivo (cartas, fotografías, ropa, objetos, registros audiovisuales) y es -casi siempre- representado por actores/actrices no profesionales que cuentan su propia historia. Pero el estreno a sala llena de Los días afuera en plena Avenida Corrientes -meca del teatro porteño de exportación- pone sobre la mesa una de sus incomodidades más salientes: la del extractivismo cultural o, en palabras del poeta y cineasta César Gonzalez, la de la fetichización de la marginalidad.

La obra está coproducida por el Complejo Teatral de Buenos Aires y cuenta con la financiación de instituciones europeas (festivales de Francia, Alemania e Inglaterra, entre otros). Esta condición explica también en parte el dispositivo estético que se despliega y que concita otro binomio: el de centro/periferia. La sobrecarga de estímulos, la grandilocuencia de la escenografía (una gigantesca estructura de caños que metaforizan la catrera carcelaria, la precariedad del barrio o el caño para el pole dance), la música en vivo con batería, bajo y teclados, las proyecciones y pantalla gigante, y la espectacularidad toda del evento contrastan con las historias que se cuentan. Ese lenguaje estético que utiliza Arias tan sobrecargado para hacer hablar a otros sujetos que no son ella misma sino a quienes ella observa desde afuera se vuelve un procedimiento que “objetiviza” a lxs protagonistas de esos relatos, los cosifica y los convierte en mero entretenimiento despoblado de historia y contexto.

En su libro de ensayos El fetichismo de la marginalidad (2021), César Gonzalez explica con una claridad pavorosa cómo lo marginal también devino fetiche, al igual que ocurre con todas las mercancías en el sistema capitalista. Y así como un iPhone o un Picasso son bienes fetichizados a los cuales les atribuimos poderes mágicos, algunas experiencias artísticas hacen de la marginalidad y de la cárcel una mercancía fetiche que esconde su complejidad estructural. “La marginalidad se representa en pasado, como una leyenda de un carnaval canibalístico” dice César “…se busca del espectador solo una onomatopeya: ¡Guauuu!”. Algo de ese efecto pareciera ser lo que se propone Los días afuera con su pomposidad. Sobre el escenario de la calle Corrientes alguien se desliza por un caño en un baile erótico, se repiten coreografías pop, hay soportes giratorios que entran y salen, pero no se expone nunca el horror de ese invento macabro que tan bien definió Foucault como dispositivo de control en el seno de una sociedad que además de producir bienes acumula pobreza. El poder, señaló el filósofo francés, no es un fenómeno de dominación homogénea de un grupo sobre otro (de arriba hacia abajo), sino algo que circula de manera transversal en la epidermis social. Nada de eso aparece ni se revela en Los días afuera. La obra-fetiche no exhibe las complejidades de lo que cuenta y en su superficie despliega una pátina hipnótica que busca hablar -bajo la mirada ajena- de un tema áspero con una ametralladora de artilugios imparables.

Cesar Gonzalez habla en primera persona sobre su vida en su magnética novela El niño resentido (2023); allí hilvana de manera magistral el relato autobiográfico de su vida -y de las privaciones de libertad padecidas- con una mirada aguda sobre su existencia en y desde el margen. En una entrevista reciente cuenta que en su estadía en prisión durante su adolescencia empezó a ver en los otros presos vidas semejantes a la suya y que se veía rodeado de espejos. “Nos matábamos a puñaladas entre nosotros por las zapatillas; los guardia-cárceles se parecían a mi tío, a mi papá, a mi cuñado” relata. Eso lo llevó a intuir que no había terminado allí por algo individual, algo que solo era consecuencia de sus actos singulares, sino que había algo más. Los libros -dice- “me sirvieron para empezar a ponerle nombre a todo lo que fue intuitivo y desde la experiencia”. En el corazón del relato personal y biográfico de César hay una reflexión muy profunda de esas condiciones materiales que lo vuelve brillante. Esa mirada de sospecha que permite cuestionarnos la propia realidad es la que está ausente en los relatos de Los días afuera.

 

La gran diferencia de relatos como los de César es que, por un lado, él mismo se coloca como sujeto narrador y narrado, utilizando un lenguaje estético propio con referencias muy diversas (desde Arlt a Walsh, de Goddard a Deleuze). Pero, sobre todo, es su mirada plenamente estructural – marxista- corrida de la tan mentada “literatura del yo” en plena era meritocrática y de posverdad lo que vuelve el arte de Gonzalez una obra maestra. “Aunque hacía todo lo posible por morirme, no lo lograba (…) Vivir en una casa tan pobre, apretados, en un lugar donde nadie de la familia tenía un cuarto propio, hacía que deseara reanudar cuanto antes mi vida callejera. Robar era mi minúscula revancha. Mi razonamiento era simple: ¿por qué algunos tuvieron todo y yo no tuve nada? ¿Quién explicaba las razones de esa desigualdad tan obscena? No me sentía parte del mundo y estaba dispuesto a morir.” Es cruda y dolorosa toda la trayectoria que describe sobre su propia vida, pero jamás se deshistoriza ni se descontextualiza. Los personajes de la obra de Arias, en cambio, cuentan una y otra vez los caminos que lxs llevaron al encierro siempre plagados de injusticias y opresiones pero eluden el andamiaje estructural en el que las clases dominantes jamás habitan una celda a pesar de cometer delitos aberrantes y donde la mayoría de la población carcelaria pertenece a una única clase social oprimida.

 

Existe una tendencia en nuestro tiempo actual de teatralización de la vida, un “culto de la autorepresentación” explica el teórico alemán Hans-Tier Lehmann en su emblemático “teatro posdramático. Si la hibridación de lenguajes, la fragmentariedad de la estructura dramática o una enunciación que evidencia su huella son algunas de las formas del teatro posdramático, el biodrama es quizás su forma más paradigmática. El término -acuñado por Vivi Tellas entre las décadas de los 90/2000- es resultado de una búsqueda que la artista llevó adelante para explorar y dar valor a la vida de las personas desde el lenguaje teatral y adquirió estatus de género a fuerza de proliferación de experiencias que abordaron lo biográfico-documental. Desde el Proyecto Archivo de la propia Tellas que constituyó uno de los momentos fundantes, pasando por Las personas (2014) y El niño Rieznik (2017) también de Tellas; Imprenteros (2018) de Lorena Vega, o algunos de los antecedentes de la propia Arias Mi vida después (2009) y Campo Minado (2016), las obras posdramáticas del biodrama pivotean entre la tradición teatral performática y su carácter documental apoyado en el archivo como testimonio irrefutable.

 

Pero no todo es lo mismo. Recientemente el Archivo Oral de Abuelas de Plaza de Mayo tuvo una potente experiencia escénica con la obra La Memoria Futura estrenada a fines de 2023 en el Parque de la Memoria bajo la brillante dirección de Luciana Mastromauro. La obra también apelaba a recursos típicos del biodrama pero retornando a la potencia originaria del arte escénico. Allí las actrices se dirigían al público no para acentuar el carácter de artificio sino para preservar la intimidad del susurro de las historias de las Abuelas. Pero en nuestro tiempo posmoderno los relatos pierden centralidad a favor de procedimientos seductores; vivimos en un mundo de simulacros donde la hiperrealidad representada es percibida como algo más cierto que la realidad misma, sugiere el crítico estadounidense F. Jameson. Los biodramas, así como aquellas obras de “teatro inmersivo” (por caso, Ojalá las paredes gritaran de Paola Lusardi representada en una casa del barrio de colegiales) o los “site specific” (como De la mejor manera, actualmente en cartel en el Bar Rodney), funcionan a partir de procedimientos posmodernos en donde el dispositivo gana centralidad en detrimento de la historia narrada y donde la representación opera como “realidad aumentada” que tensiona la frontera realidad/ficción. No es lo que ocurre en La Memoria Futura pero la obra de Lola Arias sí se mueve en este esquema sirviéndose de un formato que "funciona", unas veces para hablar de las atrocidades de la guerra, otras para hablar de la vida carcelaria.

 

En el capítulo “La conciencia de la mestiza” de su libro Fronteras (1987), la autora chicana Gloria Anzaldúa susurra “yo soy visible…y sin embargo soy invisible…” señalando la herida de sucesivos sometimientos, y alienta a producir una nueva conciencia. No es lo que ocurre con los personajes de Los días afuera porque su “volverse visible” es una conquista a título personal. La visibilización que propone Anzaldúa supone liberarse de la dominación cultural en tanto cuerpo social oprimido, subalterno y abyecto. No borrando mágicamente los conflictos como un happy end hollywoodense, sino expresando las desigualdades y que reconociendo las humillaciones que se perpetran contra la alteridad para que surja una transformación profunda. Esa es la tarea que propone Anzaldúa. Pero es un sendero que no recorren los personajes de Arias. El desenlace de la obra es esperanzador y tranquiliza al espectador. La desolación con la que concluyen relatos como los de El niño resentido o La memoria futura provocan la urgencia de una toma de conciencia hacia una sociedad más humana y menos desigual. “Se puede pisar la cárcel miles de veces, pero si el corazón no hierve de rabia y grita que ese lugar es de los peores inventos de nuestra especie, es casi lo mismo que la nada, o incluso peor” afirma Gonzalez. ¿Por qué desde la escena tan espectacularizada de Arias no aparece ese grito desesperado, ese aullido que nos obligue a lxs espectadores a tomar conciencia del dispositivo perverso que como humanidad inventamos? Los días afuera de quienes estuvieron adentro alivian y redimen a lxs voyeur que desde su butaca miran aterrados la fragilidad propia ante la posibilidad de caer en esa tiniebla pero quedan inmóviles ante la búsqueda de otro mundo -sistema- posible porque la escena ya lo resolvió todo.

 


viernes, 13 de octubre de 2023

“nunca sentí que la literatura era para mí. Siempre me vi como un lector. Los negros de la villa no podíamos ser escritores…” pensamiento y entrevista a CESAR GONZALEZ

 Magnífica entrevista de Rey Sietecase al gigante César Gonzalez a partir de su obra, y de su más reciente libro "El niño resentido", su autobiografía. La escuchan acá

Dice Cesar: “…mi libro no es una literatura del yo por más q está escrito en 1ra persona. La literatura del yo es una hegemonía de experiencias pequeñoburguesas, experiencias trasladadas a la literatura que se transforma en hegemonía literaria…”

 y agrega que hay un vacío en la literatura argentina -como en el cine- donde las representaciones no son directas sino “como tutoriales” donde hay historias que son contadas por otrxs y son banalizadas. “Por suerte tenemos un Roberto Arlt como estrella insignia para todos aquellos que no tuvimos el origen social de clase media. Un tótem mundial de la literatura” capaz de contar la marginalidad.

Un profe de magia y estudiante de sociología le acercó -durante su tiempo encerrado en el sistema penitenciario- otra mirada del mundo, una mirada crítica que se hacía cargo de los privilegios de clase; por eso conoció a Arlt, a Walsh, y empezó a pensar en que contar sus propias experiencias en la villa, en la cárcel, valían como literatura.

Mientras habla cita a Deleuze, a Arlt, a Kerouac, a Jack London y a Marx.

La cabeza estalla al escuchar a este pibe.

La lucidez que tiene para mirar.

La mirada que tiene para describir.

La poesía y la calma de desnudar los golpes.

Es una garganta necesaria. 

“El tiempo cuando yo era pibe chorro era más del Kairós que del Cronos, de un ascenso y un descenso brutal” dice. Paaaffff Estallan nuestros cerebros.

“…no existían las villas miserias en el mundo de Arlt, ni el narcotráfico, ni la cantidad de armas, pero sí había alguien que podía traducir la marginalidad en una literatura que puede contener verdad y belleza”.

Eso hace César. Descubranlo. No se priven de conocer su poética, su arte, su palabra y su pensamiento.

RECOMENDACIONES 2023

OCTUBRE 2023

Lorca, el teatro bajo la arena.

¡Reestrena esta maravilla! Fiesta, celebración, ritual Lorquiano, disertación performática, poesía y humor. Todo eso es Lorca.

+info

Jueves 21hs Portón de Sanchez. (hasta fin de nov)

Lorena.

Monólogo ficcional que integra el ciclo “El hotel es un cuerpo” (a partir del Hotel Gondolin, lugar que fue casa y refugio de feminidades travestis y que -tras ser recuperado por ellas- funciona en cooperativa en Villa Crespo como comunidad y resistencia). Este unipersonal protagonizado por Payuca narra con crudeza poética, humor y un lenguaje descarnado la experiencia y el paso por "El Gondo". +info

Sábados 20hs Espacio Callejón. (sept/oct)

Que todas las vaquitas de Argentina griten mu

Maravilla desopilante en 3 actos: tragedia, grotesco criollo y posmodernidad. Todo en uno. Actuación, pura teatralidad popular ATP e inteligencia con humor.

Jueves 21hs Galpón de Guevara. (hasta fin de nov)

PRÓXIMAMENTE: Entre tus siestas (de Brenda Howlin)

La memoria futura.

Las voces de las Abuelas se compone de cuatro recorridos performáticos que suceden al mismo tiempo en un espacio al aire libre (Parque De La Memoria) conducidos por ocho actrices que narran cada una de ellas una historia de vida. Entrada gratuita. +Info

Av. Costanera Norte Rafael Obligado (junto a Ciudad Universitaria)

Pronto novedades.


SEPTIEMBRE 2023

Noestango.

Una preciosura con orquesta en vivo (el Quinteto Revolucionario). Un manifiesto sobre la danza y el arte. Una reivindicación del universo Piazzoliano.  

+info

Viernes 20hs Galpón de Guevara (hasta 22/9)

Pundonor

Unipersonal potente e increíblemente interpretado por Andrea Garrote. Obra absolutamente magnética. Una clase magistral de teatralidad y filosofía (sobre el pensamiento de Foucault).

Celebra su 5to año de funciones. +info

Martes 20hs Met Sura (hasta 10/10)

La Wagner.

La represión y exaltación de los cuerpos desnudos sobre la música de Wagner. Una obra maravillosa del magnífico coreógrafo Pablo Rotemberg. +info

¡Diez años desde su estreno!

Sábados 22.30hs Timbre4. (sept/oct)


OBRAS PASADAS 

  • Las moiras (de Tamara Tenenbaum. Dir Mariana Chaud) lunes y sábados en el Galpón de Guevara hasta sept
  • El brote (de Emiliano Dionisi) teatro Maipo desde 10/10
  • Shamrock (de Brenda Howlin. Dir Nano Syssholtz) viernes 20.30hs en teatro Beckett (hasta sept)
  • Me encantaría que gustes de mi (de Fernanda Laguna Dir Luciana Mastromauro) sabados 21hs en teatro Beckett hasta 30/9 
  • Lorca de Laura Paredes) jueves 21hs en el Portón de Sanchez hasta nov  
  • Consagrada (de Gaby Parigi Dir Flor Micha) viernes 21hs en Galpón de Guevara hasta oct
  • De la mejor manera (de Jorge Eiro) sab/dom 19.30hs Bar Rodney hasta oct
  • El casamiento de Anita y Mirko (del Circuito Cultural de Barracas) sábados 21hs en Circuito Cultural Barracas (todo el año)
PASADAS

MARZO

INFERNO 

FUCK ME

EL TEATRO COMO TRINCHERA (ensayo sobre Proyecto Pruebas de Matías Feldman)

 Debemos dejar de estrenar al menos por dos años. ¿Alguien osaría aceptar tamaño desafío sin temerle al olvido o al descarte en una ciudad que ofrece más de quinientas funciones teatrales por semana?, ¿es acaso posible ensayar sin estrenar?, ¿se puede solamente investigar y no estrenar? Son variables impensadas para la aplanadora del quehacer teatral que en el nuevo milenio demanda una fórmula tan voraz como constante: crear-ensayar-hacer prensa-estrenar-hacer funciones-crear-ensayar-hacer-financiar-estrenar-crear-hacer-crear-estrenar-hacer-hacer, y así de seguido. Sin embargo, a contramano de esta inercia, hay un grupo dispuesto a intentar lo imposible. Dejando la vorágine de estrenos en suspenso, se asoma el Proyecto Pruebas sostenido desde hace una década con mucha solvencia, perseverancia y convicción por el dramaturgo, director y docente Matías Feldman junto a su compañía Buenos Aires Escénica.

El proyecto es una búsqueda y un camino de investigación que utiliza los elementos propiamente escénicos para conocer ciertas variables que develan la forma en que opera el funcionamiento perceptivo. En este laboratorio teatral una pregunta pone en marcha un proceso de experimentación que deviene en montaje por pura voluntad de “probar” con la escena. Desde su surgimiento, en 2013, las diversas “pruebas” versaron sobre temas tales como espectadores que son observadxs por la ficción, personajes dentro de obras realistas que no comprenden ni se adaptan a las convenciones escénicas, escenas simultáneas híper-ralentizadas y, en 2022, lo que el director dio en llamar “un teatro vertical” en su más reciente producción, La traducción (Prueba 8).

Digestión de larga duración.

En las últimas décadas, el teatro, al igual que otros consumos culturales, se vio impregnado por una avidez productiva. Empujado por formas de entretenimiento cada vez más on-demand e intramuros, el arte teatral se las ha visto en figurillas para seguir atrayendo público deseante hacia su cuerpo artesanal, singular y vivo. A pesar de los embates tecnológicos y el frenesí de ficciones en múltiples formatos, el arte dramático ha persistido obstinadamente pero no sin padecer algunas estocadas. Resultado de esos resquicios que el capitalismo cultural va dejando a su paso, se pueden observar obras estrenadas con elencos agotados y diseminados en diez espectáculos diferentes en simultáneo, puestas que reproducen clásicos como certeza de afluencia de público, unipersonales como única posibilidad frente a agendas irreconciliables, y el colmo de la fiebre de la rentabilidad artística: obras de quince minutos para una veintena de espectadores en medio de comida chatarra y bebidas estimulantes que pretenden garantizar diversión segura.   

Un fantasma recorre a los y las teatristas en nuestra escena contemporánea. Pero no se trata de la erupción que empuja a la revolución liberadora de los oprimidos, sino más bien lo contrario. Se trata del más elemental temor al olvido. No estrenar equivale a una sentencia de desaparición, de inexistencia. Y es un riesgo que pocos están dispuestos a correr porque en definitiva montar espectáculos es la manera de contar la propia historia y de dejar huella. La pregunta es acaso si hay tiempo -en esa espiral que todo lo deglute- para reflexionar sobre cuál es el relato singular que se desea narrar o si acaso la forma de la huella es la única posible.     

Origen de resistencia.

“Hoy el teatro no sirve, ha dejado de ser utensilio”, sostiene provocador el maestro Mauricio Kartun. Y es que, en el mundo de la utilidad mercantil, el teatro tiene poco de servicial. Sin embargo, precisamente por eso, se ha vuelto indispensable. Pues es justamente su aparente condición de obsoleto, arcaico e inservible lo que lo volvió irremplazable, y su esencia constitutiva, el cuerpo vivo del actor en escena, lo que lo vuelve el material más preciado. Bien lo saben Feldman y su troupe.

En 2010 en Buenos Aires, muchxs artistas gestaban -además de sus proyectos escénicos- sus propias salas teatrales. Agobiadxs por un estado de emergencia, se nuclearon en torno al colectivo ESCENA (Espacios Escénicos Autónomos) compartiendo principios comunes: la autogestión, la solidaridad y la horizontalidad. Esa identidad les permitió desarrollar un ámbito de lucha y pensamiento tejidos de manera plural. En su primera declaración programática anunciaban: “…somos espacios más allá de las paredes e, incluso, sin ellas. Porque ahí donde se milita intensamente, donde hay vínculo, donde hay experimentación y búsqueda, hay espacio”. Y uno de ellos era Bravard, la usina de investigación y producción cofundada por Feldman junto a su colega Santiago Gobernori, desde la cual han creado decenas de obras, ciclos e instancias de reflexión, y que se convirtió en un semillero fértil de pensamiento escénico. De ese germen colectivo y pujante también se nutrió el Proyecto Pruebas.

Desde su lanzamiento en 2013, el proyecto recorrió un camino variopinto sobre cuestiones del quehacer escénico, los modos de representación, las convenciones y la percepción del espectador. Y se convertiría a lo largo de diez años en un inmenso proyecto que hoy es faro ineludible en la escena contemporánea local. Las “pruebas” devinieron en proto-obras al comienzo, y en ampulosas producciones en las salas más destacadas, después, incluyendo la más reciente en 2022 de la serie La Traducción (Prueba 8), en el Teatro Nacional Cervantes, marcando un hito con una abrumadora repercusión de público, a pesar de sus desmesuradas tres horas de duración en plena era de consumo fast food y tiktok de 280 caracteres.  

Mezcla de obsesiones y lucha se erige este refugio que conmueve por su impetuosa obstinación, encabezado por un artista-científico que se sumerge a indagar por pura pasión sin certezas. Decía F. Schiller en pleno romanticismo del siglo XIX que “la belleza debería revelarse como una condición necesaria de la humanidad” para resolver las desavenencias políticas y generar -no ya una sociedad sino- una comunidad superior y libre. Quizás sea difícil afirmar hoy la proclama romántica, pero desde este reducto abrigamos su convicción como horizonte y utopía. Caminamos un paso y ella se aleja. Y es que para eso nos sirve: para caminar. En el vasto paisaje del Proyecto Pruebas, la perturbadora poesía encarnada -puesta en carne- que proclama el maestro Kartun cobra su pleno sentido. Inmensidad que fecunda la escena. Rito que late, subversivo y vital.